Mi papá pasó años normalizando el dolor de espalda y una postura cada vez más encorvada.
Al principio pensaba que era simplemente parte de trabajar muchas horas sentado.
Un día era la zona lumbar. Otro día eran los hombros. Después llegó esa sensación de terminar cada jornada completamente agotado, como si su espalda cargara con todo el peso del día.
Con los años empezó a cambiar.
Caminaba más encorvado. Se levantaba de la silla con más dificultad y cada vez necesitaba más tiempo para sentirse cómodo después de pasar horas frente al computador.
Mi mamá decía que ya ni siquiera se daba cuenta de lo encorvado que estaba porque se había acostumbrado a vivir así.
Años ignorando las señales que su cuerpo le daba.
Y había una pregunta que yo no podía sacarme de la cabeza:
¿En qué momento empezamos a considerar normal sentirnos incómodos todos los días?
Verlo así cambió por completo la forma en la que yo veía mi propia postura, los hombros caídos y esa sensación de cansancio lumbar que aparecía después de pasar horas trabajando sentado.
No quería esperar a que mi postura empeorara para empezar a prestarle atención.
Así que comencé a buscar maneras prácticas de ser más consciente de cómo me sentaba y de darle un poco más de soporte a mi espalda durante la jornada.
Fue entonces cuando incorporé PostureFit™ a mi rutina diaria como apoyo postural.
Y ese pequeño cambio hizo que empezara a prestar mucha más atención a la forma en la que trabajaba, me sentaba y cuidaba mi espalda cada día.